Ensamblaje

Al unir los “vinos claros” provenientes de crus, cepas y años con calidades aromáticas y organolépticas diferentes, el arte del ensamblaje consiste en crear un vino que supere la suma de los vinos de base. El viticultor o jefe de bodega que realiza el ensamblaje tiene por objetivo concebir un Champagne único que refleja su visión, su estilo propio, buscando cada año perpetuar las características del anterior.

Se pueden ensamblar varias decenas de crus y las combinaciones con los años y las cepas son múltiples, siendo necesaria una larga experiencia de los terruños, de la degustación pero también una creatividad y una memoria sensorial certera, capaz de concebir la evolución futura del vino. La toma de espuma y la maduración que seguirán al ensamblaje van a modificar profundamente las características del vino en el transcurso del tiempo.

El elaborador elige, en este momento si va a elaborar un vino “non millésimé” (utilizando vinos de reserva), un “milésime” (para conservar la expresión única de una año extraordinario), un rosado de ensamblaje (con una proporción de vino tinto de Champagne), un “blanc de blancs” (solo con uvas blancas), un “blanc de noirs” (sólo de uvas negras) un “monocru” (de un único pueblo de origen).

A fin de asegurar la estabilidad del vino, particularmente importante en el caso de un vino espumoso, el vino proveniente del ensamblaje, se somete antes del embotellado, a una estabilización por el frio, larga (- 4ºC durante una semana), corta (con la utilización de cristales de tátrico y agitación) o en continua. Una nueva clarificación perfecciona su transparencia. Esta estabilización permite evitar los cristales de la sales de ácido tártrico que podrían formarse posteriormente en botella.